Jorge Mario Gómez J.
Lo que Cali enseña sobre resiliencia real
September 4, 2026
Cali opera al 71 % de su actividad tres semanas después del sismo. Detrás de ese número hay tres buenas noticias y una brecha que explica qué significa ser resilientes ahora.
Hay un número que se me quedó dando vueltas esta semana: 71 %.
Es el nivel al que opera hoy la actividad económica de Cali, tres semanas después del sismo del 10 de agosto, según el Reporte de recuperación económica de Cali que acaban de publicar el CIENFI de la Universidad ICESI y la Cámara de Comercio de Cali. Un trabajo riguroso, construido con tres fuentes independientes —luminosidad nocturna satelital de la NASA, afluencia a 131.434 unidades económicas y reseñas en línea— y con la honestidad metodológica de decir, en voz alta, que describe patrones y no establece causas.
Mucha gente va a leer ese 71 % como una mala noticia: nos falta casi un tercio. Yo quiero proponer otra lectura. Ese número contiene, al mismo tiempo, tres buenas noticias que casi nadie está viendo, y una brecha muy concreta que nos dice exactamente qué significa ser resilientes ahora.
Tres buenas noticias escondidas en los datos
1. La ciudad nunca se detuvo. La noche del sismo, con 63 circuitos de distribución fuera de servicio, la mitad de los usuarios de Emcali sin energía y toque de queda, la afluencia a las unidades económicas cayó a cerca del 40 % de su nivel habitual. Léanlo al revés: en la peor noche del año, cuatro de cada diez visitas siguieron ocurriendo. Los servicios de comida conservaron el 51 % de su afluencia y el comercio de víveres el 49 %. Lo esencial —comer, abastecerse— resistió. Eso no es azar: es la economía real de una ciudad que sabe seguir funcionando.
2. La infraestructura respondió rápido. El 12 de agosto el servicio eléctrico ya superaba el 90 % de los usuarios; el 14 estaba completo. Cuatro días. Y la luminosidad satelital, que cayó 25,9 % la noche del sismo, cierra el mes prácticamente en sus niveles habituales. Quienes hemos acompañado emergencias en la región sabemos que esa velocidad no se improvisa: hay planes, cuadrillas y protocolos que funcionaron.
3. Los sectores están convergiendo. El día del sismo, veinte puntos separaban al sector más afectado (comercio de bienes, 31 %) del más resistente (servicios de comida, 51 %). Tres semanas después, los seis sectores operan en un rango de apenas ocho puntos, entre el 67 % y el 75 %. La recuperación está emparejando a la economía. Eso es una señal de sistema, no de suerte.
La brecha invisible: la luz volvió, la actividad no
Ahora viene la parte que, como consultor en continuidad, más me interesa.
El reporte muestra algo que en teoría de continuidad del negocio conocemos bien pero rara vez vemos medido con tanta claridad: restaurar la infraestructura no es lo mismo que recuperar la operación.
El caso del Sur de Cali lo ilustra. El 18 de agosto, su luminosidad nocturna estaba ya solo 9,4 % por debajo de la referencia. La energía había vuelto. Pero su afluencia sigue hoy en el 65 %, la brecha más amplia de las cuatro zonas de la ciudad. Los autores lo resumen en una frase que vale un curso completo: "La luz regresó antes que la operación, y esa distancia sugiere que lo que falta por recuperar ya no es infraestructura, sino actividad."
En lenguaje de continuidad del negocio: la ciudad cumplió su RTO de infraestructura. Lo que sigue abierto es la brecha entre el retorno del servicio y el retorno a la normalidad, y esa brecha no la cierran las cuadrillas de Emcali. La cierran las organizaciones, una por una, cuando sus locales reabren, sus colaboradores regresan, sus proveedores entregan y sus clientes vuelven a confiar en que el barrio funciona.
Y hay un dato más que confirma esta lectura: la Cámara de Comercio estimó que el 39 % de los negocios de la ciudad no podía operar en las semanas siguientes al sismo. Ese porcentaje no es un problema de energía. Es un problema de inspecciones pendientes, reparaciones, inventarios, decisiones de reapertura, y de hogares —los de las comunas 17 y 19, las más golpeadas— que todavía no han vuelto a su rutina de consumo.
La experiencia me dice que ahí, justo ahí, es donde se define la resiliencia real de un territorio: no en cuán rápido vuelve la luz, sino en cuán rápido vuelven las personas.
¿Qué significa ser resilientes ahora?
Con los datos sobre la mesa, me atrevo a proponer cinco ideas para las organizaciones del Valle —y para cualquier empresa latinoamericana que quiera aprender de Cali sin esperar su propio sismo.
1. Medir la recuperación con la misma seriedad con que se mide el daño. Lo más valioso del reporte de ICESI y la Cámara es que convierte la recuperación en un indicador observable, semana a semana. ¿Cuántas organizaciones tienen ese mismo tablero para sí mismas? Afluencia frente a su propio patrón, ventas frente a su referencia, proveedores críticos operando frente al total. Sin un indicador de recuperación, el plan de continuidad termina donde empieza la reconstrucción, y ese es justamente el tramo más largo.
2. Distinguir el RTO de la infraestructura del RTO del negocio. Muchos planes de continuidad están diseñados para el primer momento: evacuar, proteger, restablecer sistemas. Cali muestra que el segundo momento —las tres, seis, doce semanas siguientes— tiene su propia dinámica y necesita sus propios responsables, decisiones y recursos. Un buen Análisis de Impacto al Negocio ya identifica los procesos críticos; la pregunta es si también contempla la fase de retorno gradual, con capacidades parciales, y cómo se gestiona.
3. Reconocer que la demanda también necesita continuidad. El reporte plantea que la brecha del Sur combina un canal de oferta (negocios con daños) y uno de demanda (hogares desplazados o replegados que visitan menos el comercio de su entorno). Los planes de continuidad tradicionales miran hacia adentro. Los planes resilientes miran también al cliente, al barrio y a la cadena de valor local: ¿cómo comunico que estoy abierto, cómo facilito que la gente vuelva, cómo apoyo a mis proveedores más pequeños para que ellos también reabran?
4. Aprender del sector salud. Siete instituciones prestadoras fueron cerradas y evacuadas; el Hospital Universitario del Valle tuvo el colapso parcial de un ala; la red operó en alerta roja al límite de su capacidad. Y aun así, tres semanas después, el sector está en el 67 % y sube. Ese caso es una lección viva sobre continuidad en infraestructura crítica: cómo mantener operación con capacidades reducidas y cómo priorizar la atención cuando la oferta se contrae. Es, además, el motivo por el que insisto en que la formación en continuidad para el sector salud en Latinoamérica es una de las inversiones de mayor retorno social que conozco.
5. Convertir esta crisis en la mejor prueba que hemos tenido. Ningún ejercicio de escritorio reproduce lo que Cali vivió el 10 de agosto. Las organizaciones que documenten qué funcionó, qué improvisaron y qué les faltó —mientras la memoria está fresca— van a construir en pocas semanas una madurez que a otras les toma años. Eso es aprendizaje organizacional en su forma más pura, y es un activo que se puede compartir con toda la región.
La pregunta que queda abierta
Los autores cierran con una pregunta que me parece exactamente la correcta: ¿el 71 % es una estación de paso hacia la normalidad o un nivel en el que la actividad tiende a estabilizarse mientras avanzan las reparaciones?
Creo que la respuesta no está en los datos. Está en las decisiones que tomen, en las próximas semanas, los empresarios, gremios, aseguradoras, universidades y entidades públicas de Cali. La infraestructura ya hizo su parte. La resiliencia real —la que se construye en la fase larga, la que nadie fotografía desde el espacio— es la que empieza ahora.
Y el Valle tiene con qué: una base de conocimiento como la que produce el CIENFI, una Cámara de Comercio que mide y convoca, un tejido empresarial que mantuvo el 40 % de su actividad en la noche más difícil del año, y un sector salud que sostuvo la atención al límite. Sobre eso se construye.
Si usted está liderando la recuperación de su organización en Cali, me gustaría conocer su experiencia: ¿qué fue lo que más rápido volvió, y qué es lo que todavía falta? Esa conversación vale más que cualquier plan escrito.
Fuente de los datos: Martínez, E. F., Guerrero, A. G., Bolaños, J. J., Martínez, C. A. y Londoño, H. (2026). "Reporte de recuperación económica de Cali tras el sismo del 10 de agosto". CIENFI – Universidad ICESI y Cámara de Comercio de Cali, septiembre de 2026. Corte de información: 30 de agosto de 2026.
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